2 de enero de 2007

Cualquiera Puede Tocar La Guitarra


Si uno construye el concepto de verosimilitud basado en lo que absorbió durante toda su vida, llega un momento en el que por más reconfortante, alentador y romántico que suene, deja de ser creíble que en todas las novelas, en todas las películas, la heroína SIEMPRE sea correspondida. Seguís la trama solo hasta que empieza el tercer acto. No querés enterarte de que el millonario ama a la prostituta, o de que el viudo ama a la niñera, o de que el fantasma ama a la ceramista. Nunca les dicen que no, nunca las ignoran, entonces vos te sentís como si fueras la única idiota a la que a pesar de haberse ofrecido, le dicen “No, gracias, paso”. Sos muy viable para ser una amiga, no hay opiniones en contra de eso. Le encanta hablar con vos, se caga de risa, sos re copada. Pero no. No te da. Le da a Keith Richards cuando era joven, pero a vos no. Dios no lo permita. ¿Para qué indagar? Mejor no pensar en Keith Richards. Realmente hay que esforzarse para tirártele un lance a un pibe y que te diga que no, no es algo que cualquiera pueda lograr. Se requiere de una habilidad y un talento especiales. Y te volvés loca tratando de entender qué es lo que no le gusta de vos. Obsesivamente (de hecho solo te falta hacer un cuadro comparativo) te ponés al lado de las chicas con las que salió. Si son más lindas te deprimís, porque a diferencia de ellas lo único que rellena tus pantalones son algunas monedas de cinco centavos y las llaves. Y si son más feas, te deprime aún más saber que hasta ellas le resultaban más atractivas que vos. No entendés a la gente que esconde sus sentimientos para preservar una linda amistad. La amistad no es linda. Y entonces la arruinás. Terminás cortando con alguien con quien nunca saliste. Y cuando te querés dar cuenta, lo estás consolando mientras se lamenta porque no va a tenerte más para charlar. Quiere todo, quiere no salir con vos, pero también quiere seguir teniéndote ahí, cerca, para disfrutar de tu compañía, de tu humor, de las charlas de música. Eso si, sin darte. Pero cuando le decís que "no" a alguien, perdés el derecho a toda petición. De todos modos, para ser honesta con vos misma, esto no se termina hasta que se termina. Te habrá dicho que no ahora, pero la única manera que tenés para sobrellevarlo sin tentarte a quedarte en casa todo el día comiendo chizitos y dejándote crecer los pelos, es creer que su opinión puede cambiar, o peor aún, que vos podés tener alguna influencia en eso. Pensabas que ibas a parar cuando te dijera que no, porque reconozcámoslo, ya te lo esperabas, el buen día se ve de la mañana. Pero no importa cuantas veces un chico se te niegue, solo vas a dejar de fantasear con él cuando dejes de desearlo por voluntad propia, no porque alguien (incluyéndolo a él) te lo haya dicho. Entonces te queda buscar consuelo en el hecho de que no te aman como a la ceramista, pero al menos sos capaz de sobrevivir un “no”. Muchos “no”. Evitar pensar en el tema, evitar pensar en lo que te estás perdiendo, convencerte de que no debe ser irremplazable y repetirte una y otra vez; “Cualquiera puede tocar la guitarra”.

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