18 de febrero de 2007

Eyes Open (Final de la primera temporada)


Si me hubiese puesto a pensar en qué pasaría si lo que escribía llegara a las manos incorrectas, nunca podría haber escrito nada, o solo hubiese escrito cosas que hablaran bien de mí y me dejaran bien parada. Claro que eso no hubiese sido de interés para nadie, ni siquiera para mi tía Mónica, y de ningún modo hubiese resultado gracioso, sin mencionar que constituiría una grave falta a la verdad.
De todos los que jamás deberían leer esto, particularmente él, Mr Grey, era quien me preocupaba. Y con la certeza de que nada de lo que escribiera llegaría lo suficientemente lejos como para comprometerme, me consideré impune.
Pero lo que escribí pasó por muchas manos, dio toda la vuelta, y volvió. Desafortunadamente, y por más que haya tomado las precauciones necesarias, controlar quiénes tienen acceso a eso estuvo fuera de mi alcance.
Así fue como una chica se puso a leer. Y le gustó. Y lo quiso mostrar. Y se lo mostró a su novio. Y su novio lo leyó, y él reconoció los detalles que para ninguna otra persona hubieran significado nada más que arbitrariedades que convierten a la historia en algo más tangible.
Cómo el azar me puede beneficiar tan poco, es algo que no puedo explicar, pero jugué a la ruleta rusa con las cosas que escribo por mucho tiempo, y finalmente me salió la bala. Era Mr. Grey.

Gracias a Dios el único amigo que tenemos en común me quiere más a mí, y así me enteré de que él había burlado el seudónimo y había leído todo. Y una vez que resolvió eso, el resto se une con puntos.
Todo estaba ahí. Ni siquiera disfrazado de arte. La imagen más patética que puedo haber dado estaba plasmada en esas páginas. Si aún conservaba la esperanza de que algo pasara entre nosotros, ahora sabía que no existía.
Por no querer cambiar los nombres, por caprichosamente tener que usar esos detalles que lo simbolizan todo, como si de alguna manera quisiera ser descubierta, quedé como una idiota a la que se le terminaron los secretos frente a la única persona a la que no quería desilusionar. Él con su novia, y yo con mi máquina de escribir.

Dejó de hablarme, y viendo su cara (si me animaba a mirarla) sólo podía pensar que debía estar felicitándose por no haber estado nunca conmigo ahora que sabía a quién tenía enfrente.
Sentí cómo con un par de chistes, la idea que tenía de mí desaparecía. Toda la dignidad y fortaleza que mostré frente a él se vio franqueada, y ahora es como si tuviera 11 años y hubieran leído mi diario. Ya no puedo ocultar lo que pienso de él. O de otros. O de mí. O de nada. Haga lo que haga ya no va a ser un misterio.
Podría haber sido dentista, o contadora, pero esto es a lo que uno se enfrenta cuando juega a ser artista. Pierde la voluntad de ocultar sus secretos.

Quiero dormir y no puedo cerrar los ojos pensando en si es posible que no se lea en esas páginas, que crea que es una coincidencia, que la ficción se parece de manera escalofriante a la realidad. Pensé en todas las maneras de negar que esa era yo, y que ese era él. Pero no había ninguna.
Logré quedarme dormida, y solo pude soñar que lo encontraba en una ferretería y le preguntaba si después de leer lo que escribí creía que soy una idiota. Y en el sueño él siempre decía que sí y compraba 30 metros de hilo chanchero. Yo nunca compraba nada. A decir verdad nunca supe tampoco por qué había ido a la ferretería en primer lugar. Maldije una y otra vez el momento en el que decidí exponerme de esa manera.
Estar despierta no logró que dejara de tener el mismo sueño, y salí a despejarme con mi discman porque no podía estar sola y encerrada desde que no tengo nada más que ocultar.
Atravesé tres barrios sin siquiera notar el cambio de paisaje. Perdí la noción del tiempo, pero sobre todo del cansancio.
Wilde escribió que un artista debe crear cosas bellas, pero no debe poner nada de su propia vida en ellas. Y ahí consideré que tal vez sí debería haber sido dentista.
Empezó a llover y por primera vez miré para arriba. Me di cuenta de que en mi trance había llegado casi hasta la casa de Mr. Grey. Hacía 15 cuadras que escuchaba la misma canción.
Él todavía tenía mi libro de El Retrato de Dorian Gray, así que no sabiendo bien qué era lo que buscaba, fui a pedírselo.
Sin sacarme los auriculares toqué el timbre y esperé a que baje. Los seis pisos por ascensor fueron eternos, como la tarde y como todo lo que Mr Grey tocaba. Fue una suerte haber agarrado este disco, porque con otro no podría haberlo hecho.
Cuando bajó con mi libro pensé en lo lindo que se veía, y evité volver a pensarlo. Dorian Gray estaba casi igual, como era de esperarse. Mis frases subrayadas seguían ahí. Otra de mis grandes ideas, prestar un libro subrayado, como si hubiera mejor manera de descubrir a una persona.
Guardé mi libro y ninguno tenía nada para decir en voz alta, entonces sin querer mirarlo empecé a irme. Y me di cuenta de que si no lo preguntaba en voz alta nunca iba a parar de salir a caminar por su barrio, o de escuchar esa canción, o de negarme a volver a usar mi vida como inspiración.
Frené la puerta con la mano. Con él aún adentro, y yo aún afuera, solté lo que había estado pensando todo el camino.

-“Mirá, necesito que me digas que lo que leíste no te hace pensar que soy una idiota, que sabés que no todo es real, que exagero, que no vas a dejar de tomarme en serio por eso, y que podés olvidarte de lo que viste. Son muchas cosas, ya sé”.
Se quedó mirándome como si no entendiera por qué le decía todo eso, y temí que sí hubiera una forma de quedar aún peor.
- “Qué personaje que sos. Nunca podría pensar que alguien que escribe algo así sea idiota. Es buenísimo”.
Se encogió de hombros y simpáticamente dijo: “Y no me voy a olvidar de lo que leí, me reí mucho”.
- ¿Eso es bueno o malo?
- ¿A vos qué te parece?
Intenté una sonrisa entre nerviosa y aliviada.
- Que voy a tener que conformarme.

Y después de obtener la respuesta que necesitaba, sin decir nada me puse la capucha y los auriculares para volver a casa. Pensaba en seguir escuchando mi canción y así darle dramatismo a la situación, porque en el fondo siempre me gustaron las escenas trágicas, cuando Mr. Grey me agarra del brazo obligándome a frenar, y antes de que pueda anticiparlo me da un beso. Uno de esos que nunca me habían dado, y que tendría mucha suerte si alguna vez me volvieran a dar.



Aunque tuve que caminar muchas cuadras, y escuchar muchas canciones antes de entenderlo, ahí pensé que no importa cuánto maldiga ni cuántos problemas me traiga, definitivamente no podría haber elegido una mejor profesión.



FIN

15 de febrero de 2007

Los Bocetos de Jamás Transada

¿Qué le pusieron al agua?

De repente los pibes parecen notar que existís, y dejás de ser la ultima en ser elegida en la clase de gimnasia.
Nunca habías llamado la atención. Cuando eras adolescente e ibas por la calle con tus amigas, y alguien gritaba “¡Eh! La de rojo, qué linda que sos”, no hacia falta mirar para abajo y recordar el color de tu vestimenta, ya sabías que no era para vos.
Y si en la adolescencia sos una ostra, es cuando las demás comienzan a ponerse feas cuando te van a prestar verdadera atención.
De repente, y por alguna razón que va mas allá de tu comprensión, todos los chicos con los que hablás, tus amigos, uno a uno van confesando que te tienen ganas, comenzás a notar esa mirada lujuriosa en gente impensada.
Aprovechás la racha y seguís coleccionando pretendientes. En lo que va del año levantaste más que en toda tu vida. No entendés qué es lo que tomó la gente, pero ciertamente no pensás cuestionarlo. Tal como dijo Andy Warhol, todos tienen sus 15 minutos de fama.
Los que alguna vez te ignoraron, ahora reaparecen arrepentidos en busca de lo que no querían. Gente que está a 15000 Km. de distancia se lamenta por no haberse dado cuenta a tiempo y mendiga una salida. ¿Cuánto tiempo estuve en el baño?
Y es así como dicen, Dios le da dientes a quien no tiene pan. Ahora que por primera vez te faltan los dedos de una mano para contabilizar a los hombres que están dispuestos a salir con vos…
Hasta tenés que inventar un novio, con nombre, foto y hobbies, para sacar a relucir en los momentos en que querés safar de un chico sin romperle el corazón. Romper corazones…lo único que sabés hacer es romper pelotas, romper huevos, romper vasos.
No tener novio es un problema, porque tus amigos no solo creen que estás disponible, lo cual de hecho es cierto, si no que creen que estás desesperada por recibir una propuesta. De quien sea. Estar con alguien es el ajo perfecto para alejarlos, se van a contener de intentar algo con vos sabiendo que es muy probable que no consigan nada. Pero mientras estés sola sos completamente accesible.
Claro que no te gusta absolutamente ninguno, pero al menos ahora tenés opciones para rechazar. El hecho de que ninguno te guste es un pequeño detalle, es todo cuestión de estadística. En algún momento alguno de esos chicos va a tener que gustarte.
Es como jugar a la Quiniela, si uno compra muchos números, en algún momento algo va a sacar, aunque sea un premio de un peso.



Geri, O cómo obtener un séquito de hombres que no te interesan

El histérico/a por deporte, lo es inclusive con la gente que no le interesa en lo más mínimo. El lograr interés en los demás es su alimento.

Vas a un boliche donde, sabés, los hombres que puedas llegar a conocer no son de tu agrado de antemano. De hecho, parece que ellos opinan exactamente lo mismo de vos. Tu amiga entra y te das cuenta de qué es lo que buscan esos hombres. No hay uno solo que le pase por al lado sin tratar de levantarla, y ella, tan amable, no los quiere defraudar con la verdad, y decide hacer creer por un rato que tienen oportunidad. Claro que con esto no hay ningún beneficiado, el pobre pibe se hace ilusiones de que se levantó a la pelirroja de la noche, ella tiene que soportar la charla con un hombre que tiene aliento a aceituna y nació sin barbilla, y vos tenés que soportar que él, con la esperanza de ganar terreno y hacerse de la chica, quiera congraciarse con vos a fuerza de chistes obvios y preguntas obligadas. O peor aun, te trae un amigo, más feo, más idiota, más viejo, y más pelado que él, para que te entretenga y de paso vea si se lleva algo. Siempre te toca el más feo, deben tirar la moneda, a ver quién se queda con la menos agraciada. O peor, lo deciden deliberadamente, luego de acordar que el más lindo es el que más chances tendrá con la colorada, y que de última, la feúcha debe agarrar cualquier cosa. Carajo. Vos nunca quisiste ir ahí desde un principio, y durante la primer hora que llevan ahí adentro, ella ya fue chamuyada por 19 pibes, y a vos sólo se te acercó uno… ¡para preguntarte el nombre de tu amiga! Empezás a suponer que éste es un truco macabro de ella, una treta para poder sentirse admirada y sin competencia, en un lugar en el que sabe que vos JAMÁS tendrías éxito. ¿Será por eso que siempre se negó a ir a los lugares que te gustan a vos?



No salgo PARA ser feliz... salgo SI soy feliz

¿Y es que lo único capaz de brindarme felicidad, paz y tranquilidad, será la certeza de que tengo a alguien por quien ser transada?, ¿alguien con quien sepa que voy a tener algo para hacer los sábados, y voy a ser la primera elección?.

De vez en cuando, en vistas de que las cosas no son exactamente como querríamos, encontramos en el mundo real un pequeño consuelo de tontos. Mientras volvés a tu casa sabiendo que no te espera ningún plan, ningún llamado, y ningún mensaje (al menos no uno que haga que valga la pena dejar la cueva), mirás por la ventanilla observando al resto de la gente. La gente normal por decirlo de alguna manera, aquellos con citas, con novios. Y ves a algunos sentados frente a frente en un Burger King muy mal iluminado, dándose papas fritas mutuamente y sorbiendo de un vaso gigante con la cabeza de Darth Vader. Si es una primera cita, es terrible, y si es que cayeron ahí porque ya no hay ningún misterio entre ellos, y ya no les importa estar sumergidos en una situación tan poco romántica y estimulante, peor aun.
Ves un grupo de adolescentes que parecen haber repetido varias veces segundo año, coqueteando y tramitando transas en la puerta de un cyber… un cyber. Por un lado me siento vieja, al no encontrarme cautivada frente a la idea de conocer al amor de mi vida rodeada de un coro de niños de ocho años adictos al Counter Strike, gritando “Tu vieja es una chupa-p***”, con todas tus amigas y los etílicos amigos de él como testigos.
Y en lo que queda de tu recorrido, ves parejas transando en “Coma Todo por 1
Peso”, en kioskos tomados por pandillas barriales, en la entrada del Bingo Congreso
y en heladerías que durante el invierno son peluquerías.
Love is in the air.

El Francés


Tu amiga te llena la cabeza con que no elegís bien a los hombres, con que siempre te fijás en los pelotudos, con que tenés que olvidarte del clavo que llevás a cuestas hace un tiempo, con que tienen que tener una charla en la que ella va a intentar cambiar tu cabeza y tu actitud. Y nunca para de decirte lo mucho que quiere verte con alguien, para que puedas ser tan feliz y dichosa como lo es ella junto a su maravilloso novio, y que su casa está disponible para vos cuando sea que necesites un bulo.
No paró de buscarte candidatos dentro de su ecléctico entorno social. Por supuesto que si te los quería encajar a vos era porque no habían sido lo suficientemente interesantes como para quedárselos ella. Que uno no tiene pelo y arregla computadoras, que otro escribe poemas y quiere ser payaso, francamente no hay nada que te ayude a descifrar por qué le pareció que vos sí les ibas a encontrar la vuelta.
Hasta que te cuenta sobre su nueva adquisición. Un amigo francés que toca la trompeta. Sus referencias lo venden como muy simpático, muy gracioso, muy culto, y con pelo. Por fin te convenció. No le tenías absolutamente ningún tipo de fe a las elecciones que tu amiga hacía por vos, pero en honor a un acento exótico podés darle una oportunidad.
Ahora vas a pasar por una de esas minas que buscan levantar extranjeros para salvarse, aunque a vos en realidad te gustan por amor al arte. Si no tienen un peso mejor aún. Preferís pensar que ellos se salvarían con vos.

Claro que la oferta era demasiado buena para venir sin condiciones. Entonces tu amiga te hace prometer que si llega a pasar algo con el galo, vas a darle total permiso para estar con él en caso de que ella alguna vez así lo requiera en el futuro. Después de todo ella “lo vió primero”, y nunca sabe cuando va a necesitar un hombre (por llamarlo de alguna manera fina y de perfil familiar) de repuesto. La petición te parece absurda, y por supuesto que decís que sí, total si el chico realmente te gusta llegado el momento no pensás cumplirlo, y si solo lo ves un par de veces, no va a molestarte que ella lo recicle más tarde. De todos modos, él muy factiblemente podría no gustarte, así que igualmente ella se lo quedaría y todos contentos.
Por iniciativa propia tu amiga convoca a una modesta reunión para que lo conozcas. Modesta porque no invita a nadie más que a vos y a él.
Llegás a su casa y ella está completamente desquiciada buscando su corpiño mágico con miriñaque. Se prueba seis conjuntos diferentes, se pasa al menos tres manos de maquillaje y se hace un brushing del que emanan olores químicos mientras te especifica con sumo cuidado que el francés no debe saber nada sobre la existencia de su novio. Algo ya te huele raro, aparte de su brushing. Pero tu estupidez te permite ignorar cualquier tipo de comportamiento sospechoso.

Francia llega a la puerta, y París rebosa de luminosidad. El chico es lindo. Corre el vino rojo y la torre de babel se vuelve divertida.

No sabés si fue el incipiente estado de ebriedad que comenzaba a apoderarse de ella, pero tu amiga invita a su novio a que se les una, y dado que el público conocimiento de los hechos se hace inevitable e inminente, le preguntás de la manera más inocente (y de hecho era inocente, porque es la clase de pregunta que una suele hacer en los primeros años del secundario) “¿Nos volvemos juntas o te vas con él después?”. Para qué.
La furia se apoderó de ella de manera amenazante mientras sus ojos desorbitados te acusaban de no ser capaz de cerrar la boca, de hacerla quedar mal deliberadamente y de no haber cumplido con lo rigurosamente pactado previamente.
¿Y si vos no decías nada, qué iba a pasar? ¿Le iba a decir a su novio que se haga pasar por su hermano para así no decepcionar al prometedor francés? ¿Qué podés haber dicho que no fuera a ser completamente obvio? Se justifica diciendo que no porque ella lo presente vos tenías que poner en voz alta la posibilidad de que ella se vaya con él, haciéndola quedar como una puta que enseguida pasa la noche en la casa de su nuevo novio. Perdón por la inocencia, ¿pero no era eso lo que estaba haciendo? Y de todos modos, ¿por qué tanto interés en lo que pueda pensar de su disponibilidad amorosa un francés que supuestamente era tu cita?
El gato encerrado que antes olía mal, ahora apestaba.
Vos habías aceptado estos ridículos términos entendiendo que en el eventual caso de que ella pierda a su pareja, y en el eventual caso de que vos ya no estés involucrada con el francés, le permitirías probar suerte. Pero si ya eso carecía de sentido por momentos, seducirlo conjuntamente, en la misma cita, frente al lastimoso novio de tu amiga, era insalvablemente grotesco. Y desde ese momento en adelante, se decidió a monopolizar la atención de sus dos hombres, dejándote aislada, sin charla y viendo videos de Culture Club en pantalla gigante.
Tu amiga estaba tratando de almacenar hombres como si fuera una ardilla paranoica y compulsiva que nunca tiene suficientes nueces.

Por más que ella tiene novio (y al menos por ahora no tiene intención alguna de cambiarlo), por más que vos no tenés ningún novio en lo absoluto, por más que ella siempre predicó que quería encontrarte uno, por más que constantemente te recuerda que no sabe cómo agradecerte lo mucho que hiciste por ella, sigue adelante con la disparatada idea de mantener al francés como una lata de garbanzos en conserva.
Al final tenés la certeza de que no hay algo así como la generosidad entre amigas, que cuando un hombre es terreno gris, cosas desagradables pueden pasar o decirse. Siempre va a haber una con la maldad suficiente como para serrucharle el piso a la otra, y otra con el cinismo suficiente como para creer que su amiga realmente está deliberadamente tratando de perjudicarla.
El punto no es poner o no en peligro una amistad por un hombre que ni conocemos, el punto es descubrir que esa amistad de por sí no soportaría la amenaza de un hombre. Y por más que el pibe desaparezca, y el asunto quede en el olvido, la falla ya salió a la luz. Se está frente a alguien muy generoso, siempre y cuando nunca deba resignar nada.
Dos mujeres compitiendo por un hombre es siempre algo triste, pero dos mujeres compitiendo por un hombre que ni siquiera les gusta lo suficiente, es patético.

Es así como por el bien de tu dignidad, y por el mal de tu vida sentimental, decidís abandonar la absurda contienda. Si tanto se lo quiere voltear, que se lo quede y basta. No vas a ser la responsable de disfrazar su vida paralelas, y no vas a ser la culpable de dejar ver la realidad de la que ella no quiere hacerse cargo. Sobre todo cuando el involucrado es tu cita.
Los dejás a los tres que se diviertan y te amanecés en el microcentro. Para colmo habías salido vestida de leopardo con cartera roja, y volver a tu casa y saludar al diariero a la mañana fue una vergüenza.
Qué pena. Siempre te había gustado París.